infinito

"El hombre que posee una cosa, después querrá dos y después tres y después todas las cosas que hay sobre la Tierra. Y a cambio obtendrá sólo su condena, porque nadie puede poseer todo en el mundo".

Una frase más idónea sería, a mi entender, imposible.
Todos somos prisioneros de nuestras pertenencias. Si somos dueños de una casa, somos prisioneros de ella. A menos que dispongamos de otro calabozo semejante al cual irnos, no nos quedará alternativa a permanecer en la residencia actual.
Pero durante el camino vamos sumando puntos, conociendo gente, conociéndonos a nosotros, relacionándonos con el medio que habitamos, entre otras.
Algunos se preguntan de qué puntos hablo.
Bienvenidos. Empecemos.

Nuevamente, intentaré esbozar y sobrellevar otra analogía: La vida es un videojuego.
Es sabido que en cada uno de ellos debemos realizar ciertas acciones para pasar al próximo nivel, o para tener un personaje más poderoso, más potente, más fuerte; o para sumar más puntos o para conseguir más vidas o para averiguar qué es lo que tengo que hacer.
Estoy convencido de que la vida que estamos viviendo es apenas el nivel más importante de uno de los juegos que alguien juega, valga la redundancia, con nosotros.
Todo parece tan real que por un momento hasta pensamos que somos artífices de nuestro propio destino.

Pero es obvio e inevitable el infinito. Todo es así, todo tiene un por qué. Nada se da de casualidad, es por ello que la suerte no existe. Una moneda no cae de una cara u otra por azar, sino por la fuerza de impulso, la dirección, el rozamiento con el aire, sólo por nombrar algunas. La discreción nos juega mucho a favor cuando pensamos que de azar se trata. Suena incoherente, pero la idea básica que diré ahora es la de no avivar a tu alrededor. A una persona no la encuentro de casualidad en el centro, sino que al ir a lo que sea, ya estoy forzando una situación, una propensión a que eso ocurra.
A su vez, para que pase lo que pasó, una situación anterior debe haberme derivado en la necesidad de ir al centro, y así sucesivamente. Cada causa es una consecuencia inmediata y viceversa.

Parece imposible concebirlo. Pero nada nunca deja de tener un por qué.

Comentarios

Anónimo dijo…
dos palabras

ME ENCANTO

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