mirando para atrás terminé mirando hacia adelante
Sabía que algún día tendría que escribir aunque sea sólo unas líneas para describir lo que siento cuando entro a revisar los mails y veo esa carpeta.
Un montón de recuerdos, de cosas sin sentido, algunos colores y, por supuesto, muchos rulos allí.
Rulos en su mayor expresión.
Es casi rutinario, aunque siempre con un sabor distinto.
Es como una puntada que me pasa por el centro del corazón y dura un segundo. Se me pone la piel de gallina al sentir cómo penetra y luego la recuerdo a ella. A mi amiga y compañera. Me recrimino cómo pude abandonar esa relación, cómo no regué esa planta que había crecido tanto y tan fuerte con el correr de los años. Su inocencia y su sinceridad ya no están conmigo, como solía ser. Todavía recuerdo su risa; y la mía, por supuesto, que no paraba. Yo no podía más del dolor de panza causado por las risas cuando la veía o me comunicaba con ella. Su humor, inolvidable, como su belleza al igual que tantas otras características que era ella, mi amiga ideal.
Yo creo que esa mujer estaba loca, definitivamente. Loca de remate. Y todo esto hacía que yo (y el mundo) la adore, porque tampoco soy un hombre cuerdo.
Un montón de recuerdos, de cosas sin sentido, algunos colores y, por supuesto, muchos rulos allí.
Rulos en su mayor expresión.
Es casi rutinario, aunque siempre con un sabor distinto.
Es como una puntada que me pasa por el centro del corazón y dura un segundo. Se me pone la piel de gallina al sentir cómo penetra y luego la recuerdo a ella. A mi amiga y compañera. Me recrimino cómo pude abandonar esa relación, cómo no regué esa planta que había crecido tanto y tan fuerte con el correr de los años. Su inocencia y su sinceridad ya no están conmigo, como solía ser. Todavía recuerdo su risa; y la mía, por supuesto, que no paraba. Yo no podía más del dolor de panza causado por las risas cuando la veía o me comunicaba con ella. Su humor, inolvidable, como su belleza al igual que tantas otras características que era ella, mi amiga ideal.
Yo creo que esa mujer estaba loca, definitivamente. Loca de remate. Y todo esto hacía que yo (y el mundo) la adore, porque tampoco soy un hombre cuerdo.
Era la que resumía en una frase aparentemente sin sentido todos los estados de ánimo posibles, por lo tanto era a la vez la mujer más coherente del mundo, sólo que pocos lo sabíamos y lo disfrutábamos.
Divertida y solidaria por demás, Mariana compartía su mundo y te daban ganas de quedarte allí.
Siempre en el camino correcto, y siempre teniendo razón cuando no quería que fume más cigarrillos (la complacía porque cuando estaba con ella no lo hacía), es el día de hoy que me asombro de lo que eran sus mails, francamente increíbles. Es incalculable la dedicación que hay en ellos, aunuque a ella no le costaba sino que le brotaba esa genialidad que siempre te arrancaba una sonrisa.
Hubo tantas cosas que no aprendí de ella que terminé no viéndola más.
Y haberla dejado ir es una de mis más grandes cuentas pendientes, sino la única (al menos la más importante).
Es probable que ella nunca lea esto, es probable que cuando la vea nuevamente todo vuelva a ser como antes. No es probable que esto ocurra en un lapso corto de tiempo, de aquí en adelante.
Será cuestión de esperar. Bah, no sé si de esperar o de seguir.
De seguir.
¿Por qué no te habré seguido?
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