sin fin
¿Sentiste alguna vez el no sentir nada?
¿Has pasado por ese momento donde sentís que mil cosas dependen de vos y simplemente las dejás morir?
Yo estoy en ese punto. Donde las balas no me entran, me siento inmune a todo. Me he encargado de no deberle nada a nadie e, incluso, lograr que los demás un poco reconozcan eso.
Mi especialidad en este último tiempo ha sido esquivar las balas. Me he vuelto un experto en esa disciplina. Y digo disciplina, que es algo de lo cual carezco profundamente.
Lo mío son ataques de desesperación en los cuales me enfrasco intensamente hasta llegar a algo que considero terminado. Pero esta consideración es mentirosa: Yo siento que termino algo pero en verdad lo estoy preparando para dejarlo morir. Solamente quería probar que podía pero no termino nada. Las cosas no tienen fin para mi. Hay una suerte de placer que siento en lograr llegar a un punto donde la gente me reconoce por algo y consideran que mi motivación está altísima y que, siguiendo a ese ritmo, se llegará a un lugar increíble. Pero no. Yo ya no estoy ahí. Lo mío es una pantalla.
Frente a una pantalla es precisamente el lugar donde paso la mayoría de mi tiempo. Internet es una cosa hermosa, infinita. Aún así, me contento con chequear algunas páginas nomás y no descubrir nada nuevo. A veces espero que las cosas me descubran a mí.
En el fondo lo que tengo es un ego infinito y superpoblado de emociones. Yo sé que puedo hacer cualquier cosa que me proponga, pero también sé que no me interesa lograr nada. Veo a los demás haciendo cosas que yo no hice pero mi instinto es deshacerlos. (Necesitas alguien para deshacer, diría Charly).
Yo no estoy acá, yo no sé donde estoy. Yo ya me fui a algún lugar que no puedo reconocer.
Siento una profunda desesperación por el futuro que viene.
Podría seguir escribiendo esto y continuar escarbando en mis miserias pero nuevamente haré algo en lo que soy experto: Dejaré esto inconcluso.
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