Rayado
Por supuesto que la historia es la misma siempre: No sé qué quiero decirles pero aquí voy.
Voy a intentar transcribir el diálogo sólo porque sé que nadie va a leer. (Aprovecharé para chequear las estadísticas acerca de los visitantes de este blog). Y porque quiero. Y porque lo recordé y me da vueltas. Dentro de algún tiempo estaré leyendo esto quizás y, por supuesto, no recordaré que lo dije. Tampoco habré de admitir que fui yo quien lo dijo. Fue Joaquín, no fui yo. Fue algún Joaquín de alguna época.
La noche esa fue diferente y hermosa. (Antes permítanme armar un cigarrillo).
Estábamos acostados en la cama de esa habitación sin cortinas. Antes de dormirse me pidió que la abrazara por la espalda. Y no me pude resistir acariciarla. Ya habíamos estado bailando un rato antes y yo había advertido su increíble sensualidad. Su excelso feminismo. Su forma de moverse era ferozmente increíble y atrapante. Me sorprendí varias veces a mí mismo buscando generar un roce con ella. Cómo movía sus caderas y cómo ella me apoyaba es una cuestión muy difícil de explicar. (Y ese vestido rayado...! Siempre había querido estar en contacto con alguien con un vestido de esas características. Pero no, no era un vestido en verdad. Era un conjunto. Un pantalón y un top haciendo juego. Las líneas de ese vestido indicaban un camino hacia la gloria).
Todo esto está mal, dijo.
¿Y qué es esto?, pregunté.
Esto... Yo soy lesbiana, ya lo decidí hace algunos años. Estoy confusa (sic). Yo estoy con una chica hace ya algún tiempo. Elegí el lesbianismo por la forma de mirar a los ojos que tienen las mujeres, la forma de tocar, de sentir, de acariciar... Y ahora de pronto veo que vos también estás en esa sintonía. Tienes que prometerme que esto es un secreto entre nosotros. Nadie va a saberlo.
Y firmamos un pacto con el dedo. Nos dimos un beso de buenas noches y nos dormimos.
Voy a intentar transcribir el diálogo sólo porque sé que nadie va a leer. (Aprovecharé para chequear las estadísticas acerca de los visitantes de este blog). Y porque quiero. Y porque lo recordé y me da vueltas. Dentro de algún tiempo estaré leyendo esto quizás y, por supuesto, no recordaré que lo dije. Tampoco habré de admitir que fui yo quien lo dijo. Fue Joaquín, no fui yo. Fue algún Joaquín de alguna época.
La noche esa fue diferente y hermosa. (Antes permítanme armar un cigarrillo).
Estábamos acostados en la cama de esa habitación sin cortinas. Antes de dormirse me pidió que la abrazara por la espalda. Y no me pude resistir acariciarla. Ya habíamos estado bailando un rato antes y yo había advertido su increíble sensualidad. Su excelso feminismo. Su forma de moverse era ferozmente increíble y atrapante. Me sorprendí varias veces a mí mismo buscando generar un roce con ella. Cómo movía sus caderas y cómo ella me apoyaba es una cuestión muy difícil de explicar. (Y ese vestido rayado...! Siempre había querido estar en contacto con alguien con un vestido de esas características. Pero no, no era un vestido en verdad. Era un conjunto. Un pantalón y un top haciendo juego. Las líneas de ese vestido indicaban un camino hacia la gloria).
Todo esto está mal, dijo.
¿Y qué es esto?, pregunté.
Esto... Yo soy lesbiana, ya lo decidí hace algunos años. Estoy confusa (sic). Yo estoy con una chica hace ya algún tiempo. Elegí el lesbianismo por la forma de mirar a los ojos que tienen las mujeres, la forma de tocar, de sentir, de acariciar... Y ahora de pronto veo que vos también estás en esa sintonía. Tienes que prometerme que esto es un secreto entre nosotros. Nadie va a saberlo.
Y firmamos un pacto con el dedo. Nos dimos un beso de buenas noches y nos dormimos.
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